El programa de números tradicionales de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen tiene en la Batalla de flores uno de sus espectáculos callejeros más genuinos, producto de las incorporaciones que a lo largo del siglo xix fueron enriqueciendo el repertorio festivo. En su caso, la primera edición en el contexto de la Bajada data de 1895, que, según juicio de un anónimo cronista, «salió admirablemente».
Paralelamente, aparecieron adornadas varias cruces dispersas por la población. «Entre los carros iba una góndola veneciana arreglada por Don Miguel y Don Cándido González y Don Antonio y Don Gildo Rodríguez Méndez, que era para mí la mejor; un vapor muy bien concluido dirigido por Don Sebastián Arocena y un barco de pesca y otras variadas cosas como castillos, etc., los cuales perfectamente arreglados, fue una verdadera batalla».
La Batalla de flores consiste en un desfile de carrozas, ricamente engalanadas con motivos y temas vegetales, florales, en una interpretación lúdica de la naturaleza fingida. En sus orígenes, los carruajes fueron tirados por bueyes u otras especies de bestias de carga, sustituidos durante el siglo xx por vehículos a motor.
Como en otros actos tradicionales de las Fiestas Lustrales, la Batalla de Flores está protagonizada por niños y niñas que, en el recorrido, representan una incruenta guerra de elementos vegetales que lanzan a los concurrentes, impacientes en las aceras.
Con objeto de promocionar el pique o competencia entre los participantes, en 1900, la comisión municipal constituida al efecto acordó convocar un concurso que premiaba «el carruaje que más artísticamente adornado y de más mérito se presentara en dicho certamen». El galardón consistía en una «preciosa acuarela donada al efecto por el conocido pintor Don Manuel González Méndez». Según consta en la correspondiente acta, el jurado concedió el premio a la propuesta de carroza de la Sociedad La Dramática, que figuraba un «hermoso cisne sobrenadando en azuladas aguas».